sábado, 6 de abril de 2013

TRABAJO PRÁCTICO N° 2: nota individual multimedia en nota grupal

Laboratorio de Producción Multimedial I – 2013
Martín Bechiarello – Comisión B
 
De partido de fútbol a guerra separatista

Se imaginan un partido entre las selecciones de Argentina e Inglaterra disputado en las Islas Malvinas? Según Rodrigo Bauso, jefe de la logística de Worl Eleven, empresa encargada de realizar los clásicos rosarinos, ese cotejo sería más fácil de realizar que los partidos entre los dos equipos más populares de nuestra ciudad. Sin embargo, su labor se vio entorpecida desde el primer momento. En el contrato original, firmado por los presidentes de ambos clubes, los encuentros debían disputarse en junio de 2012. Pero la rúbrica se dio en el momento en que todo parecía indicar que Rosario Central ya participaría de la primera categoría del fútbol nacional. Por ello, decidieron de mutuo acuerdo jugarlos recién en enero de 2013.

Con un clima muy enrarecido, principalmente por los saqueos de diciembre pasado y los atentados a sedes de ambos clubes, se llegó al 20 de enero, día en que debía disputarse el partido en cancha de Central. La hora señalada era la de las 20, pero aproximadamente una hora y cuarto antes, el ministro de Seguridad de Santa Fe, Raúl Lamberto, anunciaba que el partido se suspendía por incidentes en las instalaciones de Newell´s:

El funcionario se encontraba junto a dirigentes rojinegros y representantes del municipio, quienes habían ido al predio de Ricardone donde concentra el plantel leproso, para acompañarlos al Gigante de Arroyito. Pero allí, recibieron la noticia de una balacera en el club del Parque Independencia entre barras y la policía, dentro del club. Aunque todo comenzó en Pellegrini y Ovidio Lagos, cuando barras leprosos arrojaron piedras a unos colectivos que trasladaban hinchas de Central hacia la cancha. Al ser repelidos por la policía, se refugiaron en las instalaciones de su club y allí continuó el enfrentamiento. Producto de un disparo, un agente resultó herido en el cuello y las familias que se encontraban en el predio debieron ampararse para no ser atacadas. Luego denunciaron que la policía disparó balas de plomo. Madres con sus hijos aterrados y padres desesperados por salvar a sus familias, vivieron momentos incomprensibles para lo que significa el entorno de un partido de fútbol. Luego se supo que no estaban las imágenes de las cámaras de seguridad del Coloso, al tiempo que se encontró un arma 9 milímetros en la pensión que está dentro de Newell's.
Al ser enterados de los incidentes se apersonaron en la entidad rojinegra y debieron soportar, tanto directivos del club como los responsables provinciales de seguridad, reclamos y hasta insultos por parte de los socios que estaban presentes.

Posteriormente se dieron declaraciones contradictorias respecto a quién tomó la decisión de suspender el  partido. Si bien el ministro Lamberto fue el encargado de anunciarla, luego, también él mismo fue quien aseguró que Newells consideró que no estaban dadas las condiciones. Después, directamente afirmó que “hubo un equipo que no quiso jugar el partido”, porque en la cancha de Central “las condiciones estaban dadas”.


También el Jefe de Policía de Rosario, comisario Walter Miranda, declaró que el equipo del Parque tomó la decisión de que el plantel no salga de Ricardone. Por su parte, los directivos leprosos aseveraron en todo momento que fue una decisión conjunta. Y en esa sintonía estuvieron los dichos de Fernando Asegurado, secretario de Gobierno Municipal.


Y en Arroyito?
Mientras, los simpatizantes locales comenzaron a colmar el estadio de Arroyito. Y como la noticia tardaba en oficializarse, buena parte de las localidades ya se habían ocupado cuando la voz del estadio por fin anunció que el clásico se suspendía. La hinchada volcó la noticia al punto de vista folklórico, al igual que el presidente Norberto Speciale, quien declaró que en su cancha “había una fiesta” y que el partido no se jugaba “porque no vinieron”.


Por lo que en lugar del encuentro esperado, decidieron que el plantel canalla salga a la cancha a realizar una práctica frente a su público. Pero duró pocos minutos, ya que de inmediato el campo fue invadido por hinchas que comenzaron a sacarle la ropa de los jugadores y a adquirir todo tipo de “souvenirs” .  Por lo que la policía nuevamente debió actuar y, naturalmente, los jugadores retornaron al vestuario.



Había antecedentes
El partido ya pasó - o mejor dicho, no pasó – y se vienen otras discusiones. La investigación de los sucesos en el estadio de Newells; por qué no funcionaron las cámaras de seguridad en el momento del tiroteo;  el arma hallada en la pensión rojinegra; por qué había actividad societaria cuando habían recomendado lo contrario; cómo y quiénes determinaron la suspensión. Y por supuesto, atentados y pintadas previas.

Ya el 4 de enero, se producía el primero de los hechos. Quemaron cubiertas y rompieron vidrios en el frente del gimnasio canalla ubicado en Catamarca al 3500. Los vecinos lo atribuyeron a disputas internas en la barra. Además en esos días, rompieron el riego en Arroyo Seco y quemaron un cartel en la Ciudad Deportiva de Granadero Baigorria. El 9 de enero, la violencia se centró en la sede centralista Británica, de Oroño y Güemes, donde hinchas de La Lepra incendiaron y pintaron la frase “sin A no hay clásicos”:

A 4 días de concretarse el partido, apenas pasada la medianoche, un grupo de aproximadamente 20 personas intentó prender fuego la sub-sede Canalla ubicada en Juan B. Justo al 900, más conocida como “el Clubcito”, y una de las boleterías del Gigante de Arroyito, sobre Cordiviola. Pero más tarde, cerca de las 4 de la madrugada,  cuatro individuos lanzaron bombas molotov contra la Tienda Oficial de la Lepra ubicada en Rioja al 2000 y provocaron un incendio que destrozó gran parte del local. Cuando los bomberos sofocaron el incendio, podía leerse en las paredes pintadas amenazantes, como “vas a morir” y “cagón”.

Los últimos actos vandálicos se produjeron el 17 de enero. Por un lado, atacaron la inmobiliaria de un periodista partidario de Central, Gonzalo Lazzarini. Por otro, un grupo de personas intentó ingresar al predio leproso en Bella Vista y personal de seguridad actuó inmediatamente.


El floklore futbolístico llevado al extremo; los antecedentes de clásicos pasados; declaraciones cruzadas entre dirigentes; interna de barras bravas; demostración de poder de la policía hacia el gobierno provincial; una sociedad que no puede afrontar un simple partido de fútbol y lo sufre como si fuera cuestión de vida o muerte. Finalmente Rodrigo Bauso tenía razón. Habrá que trabajar y replantearse muchas cosas como sociedad si queremos esto vuelva a ser una fiesta futbolera, nada más que eso.

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